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Blair House, repleta de historia

Fue construída para la gerencia de United Fruit Company
en Puerto Armuelles y durante años alojó a los
líderes centroamericanos

Pocas casas en Panamá tienen credenciales históricas iguales a la Casa Blair de Puerto Armuelles. Esta casa hecha de madera al estilo de granja fue construída en 1927 por Robert Blair, primer gerente de United Fruit Company (posteriormente Chiquita Banana).

Me senté recientemente con Fernando Carrera Rodríguez de 70 años quien ha pasado los últimos 50 años de su vida cuidando no sólo a Blair, sino a los muchos visitantes importantes que se han hospedado allí.


Blair House, una estructura fuerte en Puerto Armuelles, Chiriquí.

Sus historias de políticos y figuras prominentes han agraciado la sala y bar de la Casa Blair son como ver una lista de las figuras prominentes de la historia panameña y centroamericana. Uno de sus primeros recuerdos alrededor de 1967 fue cuando el dictador nicaragüense Anastasio Somoza se encontró con los presidentes de Panamá y Costa Rica en ese entonces.

Recuerda las veces en las cuales el dictador panameño Omar Torrijos se hospedó. Dice que Torrijos fue un hombre generoso e iba al campo de golf cercano y les daba regalos a los niños de la localidad. Los ayudantes de Torrijos siempre tenían maletas llenas de dinero.

Cuando mataron a Torrijos, en lo que un libro publicado recientemente proclama un asesinato, el General Noriega se convirtió en el líder de Panamá. Noriega se hospedó muchas veces en la Casa Blair. Resalta la vez que invocó una conferencia en junio del 1989 con siete de sus comandantes líderes. Aparentemente pidió su apoyo. Hay serias dudas de que sus comandantes tuvieran el coraje de negárselo.


El salón dónde se reunían los presidentes.

Fernando recuerda un incidente cuando Fritz Stargatty, el gerente de la Casa Blair, rostizó un puerco en honor a Noriega. Fritz encontró un cuchillo eléctrico y orgullosamente le pasó varios cortes en un plato al dictador. Noriega simplemente empujó el plato lejos de él, chasqueó los dedos llamando a su probador de comidas, siempre atento. Los guardaespaldas le dijeron a Fernando que Noriega no confiaba en nadie cuando se trataba de comida. Dijeron que aunque hubiera sido su madre la que hubiera preparado su comida, igual haría que alguien más la probara primero.

Aunque Noriega era menos generoso que su predecesor, en su última visita caminó hacia la cocina y dejó una propina de $100 la cual sería divida al 25% entre los cuatro cocineros. Noriega bromeaba que deberían usar el número 25 para el siguiente sorteo de la lotería. Nadie podía gastar esa cantidad de dinero en la lotería, así que nadie apostó. La semana siguiente los dos números que salieron en la lotería fueron 25.


Fernando Rodríguez tiene 50 años
de cuidar Blair House.

Puede que el incidente de la lotería se quedó en la mente de Fernando, ya que varios años después se jubiló y fue relegado sin haber recibido la cantidad apropiada de su liquidación. Cero estrés, pues a los 15 días de jubilación a Fernando le pidieron que regresara para administrar la Casa Blair con un contrato de 5 años. Esta vez compró un billete de lotería. Sentado sólo en frente del televisor ese fin de semana, vio cómo su billete le hizo ganar $10,000. Sintió que fue una justificación por la mala paga de su liquidación.

Todos los muebles y acabados de la Casa Blair son originales. Pero hoy en día la Casa Blair necesita reparación urgentemente. A lo largo y ancho de la sala se encuentran pailas y cubetas para atrapar el agua de las goteras en el techo. Los dueños actuales, sucesores de Chiquita Banana Company, prometen que llevarán a cabo las reparaciones necesarias, pero no harán cambios significativos.

Sentándose en las cómodas sillas hechas de madera, su mente fácilmente regresa a la era en donde el lugar se encontraba lleno de humo de habano, presidentes en trajes blancos tropicales y generales en uniformes decorados, se sentaban y disfrutaban la vista al mar, más allá del campo de golf.

 
 




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VOL. 14 #20 -- June/ Junio 13 - 19, 2008