La ciudad:

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Oceaniere del may 24 _opt1Generador para la economía Intersección de culturas

Por Howard Walker

“La ciudad es un zoológico humano”, dijo el antropólogo Desmond Morris. Si es un zoológico o una jungla de cemento, sus palabras coinciden con el pensamiento de muchos de nosotros, después de pasar horas luchando con todo tipo de objetos en movimiento, obstáculos y peligros mientras el Presidente Martinelli construye la futura Ciudad de Panamá.

“Dolor en el presente para beneficio futuro”. Un eslogan lamentable. Estaremos encantados de medir el alivio cuando las horas pico ya no signifiquen todas las horas que estemos despiertos.

Esta letanía no es exclusiva de Panamá. Todas las ciudades importantes tienen problemas similares. Ámelo u odielo, la ciudad sigue atrayendo a a las masas, los millones ansiosos con la esperanza de encontrar mejores oportunidades para la vida pero que, irónicamente, su número se borran gradualmente. Se estima que 500 ciudades más serán necesarias en los próximos 30 años.

Aristóteles observó que los hombres (sic) llegan a la ciudad para vivir y se quedan a vivir la buena vida. Tres siglos después de Aristóteles, el poeta romano Horacio castigó la inconstancia de sus lectores que cuando estaban en la ciudad deseaban regresar al campo y cuando en el campo, elogiaban la lejana ciudad de las estrellas. ¿Acaso la carretera Panamericana ahogada con tráfico de fin de semana hacia y desde el interior refleja una ambivalencia similar en la actualidad?

No podemos culpar a Henry Ford y Elisha Otis de la actual crisis urbana global, pero su impacto es visible. Panamá, al igual que otras ciudades está tratando de ponerse al día con un considerable costo para el contribuyente, poniendo los nuevos vinos del motor de combustión interna y la construcción de gran altura en las viejas barricas de la infraestructura existente. Lamentable, en las políticas del proceso de planificación no van a poner viviendas asequibles cerca de los lugares de trabajo, ya que cada día de trabajo es aparente los interminables kilómetros costosos de desplazamientos en tráfico que no se mueve, ampliamente puede ser testificada. Los rascacielos se construyen en la ciudad sin tener en cuenta una previsión suficiente de estacionamiento o adecuación de los servicios esenciales existentes. Y el patrimonio histórico de la nación cae en la bola de demolición. La voluntad política y el bienestar cívico sucumben a la ganancia financiera privada.

El escritor inglés Aldous Huxley, 1894-1963, observó astutamente que más allá de un determinado punto la urbanización , de hecho, se convierte en suburbanización. Esto no se refiere al tipo de enclaves habitacionales distópicas cubriendo los márgenes una vez agrícolas de la capital de Panamá, sino a la formación de agrupaciones vecinales con intereses comunes y compartidos dentro de su entorno urbano más grande. Allí, en límites de escala manejable, la participación ciudadana juega su papel fundamental, y el sentido de pertenencia puede dar sus frutos en la configuración del futuro, fomentando el orgullo, tanto en la comunidad local y más allá.

La ciudad es la más grande creación de la humanidad, generador de la economía nacional y la intersección de culturas, pensamiento y ideas. La forma en que configuramos también da forma a nosotros mismos, es de esperar para disfrutar de la “buena vida” de Aristóteles.

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