Segunda generación de una familia de navegantes regresa a Panamá

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Por Ilene Little

Shannon y Courage Winter compraron un barco que necesitaba reparaciones en marzo del 2012, zarparon el 24 de enero de 2013 con sus seis hijos desde Newport Beach, California del Sur hacia México y llegaron a la costa del Pacífico panameño en septiembre del 2013.

Shannon Winter saluda desde la popa de “Lil’s Explorers.”

Shannon Winter saluda desde la popa de “Lil’s Explorers.”

Mi interés en visitarlos fue ver cómo se estaban adaptando a la vida en el mar. Nos invitaron a verlos en la marina Las Brisas, donde estaban anclados preparándose para navegar el Pacífico Sur, de vuelta a California justo a tiempo para que su hija mayor, Cassidy, pueda asistir a una escuela de su elección.

Lo que vi fue “Lil’s Explorers, un catamarán de 58 pies que es el hogar de una familia de diez, segunda generación de una familia, coincidentalmente de diez, que viajaron a Panamá en la década de 1970 en un trimarán de 48 pies construido por el padre de Courage.

La familia Winter invirtió $45,000 en un catamarán de 58 x 30 pies en muy mal estado.

El diseñador del barco, Kurt Hughs, fue consultado en relación con las modificaciones interiores que podrían afectar a la integridad estructural de la embarcación y el barco fue inspeccionado regularmente por la Guardia Costera.

La familia puso en marcha “Lil’s Explorers” en enero de 2013, zarpando con seis niños y cuatro adultos cuando el barco era apenas funcional.

“Nosotros utilizamos el motor para llegar a las Islas del Canal de California, inclusive antes de instalar el mástil,” dijo Shannon. “El día que zarpamos de Cabo San Lucas, instalamos el pescante del bote, paneles solares y molinos de viento durante la navegación.”

Haciendo amigos para un mundo mejor; Integrity Winter de 7 años con un amigo de la aldea Embera de La Chunga en el Rio Sambú en la región del Darién.

Haciendo amigos para un mundo mejor; Integrity Winter de 7 años con un amigo de la aldea Embera de La Chunga en el Rio Sambú en la región del Darién.

Cuando llegamos a bordo, nos encontramos cinco de los seis hijos, cuyas edades oscilan entre un año y medio a ocho, retozando alrededor y viendo repeticiones del programa televisivo la Isla de Gilligan en el salón central de 350 pies cuadrados, el equivalente a una sala de estar con cocina de corte transversal en un apartamento.

La galera incluye una cocina completa, mostradores y gabinetes que usted esperaría ver en un apartamento muy bien amueblado. Muchos estantes están abiertos, y hay canastas en el extremo abierto lo que no se esperaría ver en un barco.

“Mis amigos siempre se sorprenden de que puedo mantener mis productos en la despensa en estanterías abiertas. El barco es tan estable que no hemos tenido que asegurar nuestras pertenencias cuando estamos en marcha.”

“Un casco de un barco se podría levantar producto de una ola,” dijo Courage, “pero no al grado que los objetos salgan rodando fuera de los gabinetes o rebotando en las paredes.”

Espacios vitales

Espacios para estar y dormir están incorporados, reorganizados y decorados en el camino a medida que la travesía revela lo que es esencial y funciona mejor para la dinámica familiar.

Todo el mundo tiene su propia litera y espacio en la cabina. El pique de proa está decorado como una guardería para el infante y literas están diseñadas y decoradas para las niñas y los niños. La adolescente de 15 años tiene una puerta en su cabina privada.

El lado de estribor es para la familia inmediata de seis. El casco del puerto es para la familia extendoda: la madre y el hermano de Courage. Eso hace que tres miembros de la familia original reviva su viaje anterior.

“El ‘patio trasero’ fue un gran punto de venta para nosotros,” dijo Shannon. “Nos encanta la libertad de ser capaz de entrar y salir cuando queramos y donde queramos. Es una gran manera de viajar con niños, ya que uno tiene su casa y las comodidades del hogar cerca, sin importar dónde se encuentre.

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