Viendo ballenas en Panamá

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Viendo ballenas en Panamá

Viendo ballenas en Panamá. Las ballenas son increíbles, mágicas criaturas y sumamente populares. Si le gusta Discovery Channel o National Geographic, lo más probable es que haya visto docenas de documentales sobre ellas. No importa qué tan familiarizado esté, nada lo preparará cuando las vea por primera vez a unos cuantos cientos de metros de distancia. Majestuosas, magníficas y realmente grandes. Pero, me estoy adelantando.

Mi aventura marítima empezó muy temprano el sábado en la mañana, luego de sacar a caminar a mi enojado sharpei, Titus a las 5:30 a.m., uno casi podía verlo pensando: ¿Qué hora crees que es? y una taza de café. Luchamos con el tráfico desde Capira, luego de pasar tres accidentes, pudimos tomar el Taboga Express Ferry, que sale a las 8:15 a.m. desde el Club de Yates de Balboa, en la Calzada Amador, uno que otro sábado durante la temporada de avistamiento de ballenas que finaliza a finales de septiembre.

Viendo ballenas en Panamá

Viendo ballenas en Panamá: ballenas cerca de la isla de Contadora. Foto cortesía de Joshua Hall.

Anne Gordon de Barrigón, la propietaria de Whale Watching Panama y Joshua Hall fueron nuestros guías en este viaje de cacería de ballenas que nos llevó a través del Archipiélago de Las Perlas, buscando por las tímidas y a veces difíciles de encontrar ballenas jorobadas. Ellos nos dieron informaciones sobre las ballenas y delfines en general y nos pidieron que miráramos el agua buscando por estos mamíferos marinos. El Istmo parece ser muy popular no sólo con los turistas, sino también con los cetáceos, alrededor de 40 especies vienen a aguas panameñas cada año, atraídas por sus temperaturas del océano Pacífico.

Después de esperar menos de 15 minutes y frente al área de Costa del Este, vimos a nuestra primera ballena jorobada, soplando lo que parecía una nube de vapor. Los otros pasajeros se apresuraron al frente del bote como paparazzis tratando de fotografiar a una estrella de cine. Sus esfuerzos fueron recompensados, vimos una enorme aleta y el lomo de uno de estos gigantes.

Nada ocurrió por alrededor de diez minutos, de repente una chica empezó a gritar ¡Delfines, Delfines! y de la nada apareció un grupo de delfines moteados, que jugaban con las olas de nuestro bote. En el horizonte podíamos ver los barcos haciendo fila para cruzar el Canal.

Dejámos la Ciudad de Panamá y nos fuimos adentrando al archipiélago hacia Contadora, que se hizo famosa después que Mohammad Reza Pahlavi, el Sha de Irán, se refugiara en la isla durante la década de los 80. Un poco antes tuvimos la suerte de avistar tres ballenas y alrededor de una docena de delfines nariz de botella jugando y nadando alrededor del bote.

Un bote llevando a los avistadores de ballenas a Contadora.

Un bote llevando a los avistadores de ballenas a Contadora.

El bote llegó a Contadora al mediodía, una pequeña embarcación nos llevó hasta la playa, pues no hay muelle en la isla. Luego de un delicioso almuerzo en uno de los restaurantes locales, tuvimos dos horas para explorar esta pequeña isla, que tiene cuatro playas con arena blanca, aguas cristalinas, donde se puede ver el fondo; observar hermosas aves y explora edificios abandonados llenos de historias sin contar. Muy pronto llegó el momento de regresar al bote y seguir buscando ballenas.

Pronto vimos un drama que se desarrollaba frente a nuestros ojos. Dos machos estaban peleando por la atención de una hembra solitaria, que no estaba muy contenta con sus pretendientes. Ellos saltaban, batían sus aletas, nadando alrededor. Sin embargo, cómo típica mujer ella no estaba impresionada y se fue a otra parte. Anne puso un hidrófono en el agua, entonces oímos la evocadora canción de una ballena, melancólica y triste. Aparentemente todas las ballenas en Panamá cantan la misma canción y la cambian cada año. Desaparecieron por unos minutos, para aparecer nuevamente de forma súbita, poderosas y hermosas y me hizo darme cuenta, que somos una pequeña pieza en la escala de la evolución.

A las 4:00 p.m. era tiempo de regresar a la ciudad. Todo el mundo estaba emocionado después de haber visto tantas ballenas en un periodo tan corto. Uno de los pasajeros, un joven ucraniano y su novia me dijo que había sido la mejor experiencia de su vida. Algo más que logró hace de su lista de deseos.

Una excursión de un día avistando ballenas con Whale Watching Panama cuesta $150 para adultos y $85 para niños entre 5-12, menores de 5 entran gratis. El precio incluye transporte y almuerzo con una bebida en Contadora. Para mayor información visite www.whalewatchingpanama.com

Tenga cuidado avistar ballenas es adictivo y no tendrá que esperar por mucho tiempo para hacerlo de nuevos, pero con dos temporadas de avistamiento de ballenas quien se está quejando.

Por Marijulia Pujol Lloyd

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