Recuerdos de Casco Antiguo

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Por Marijulia Pujol Lloyd

Muchos años atrás, antes que Casco Antiguo conocido anteriormente como Casco Viejo, se convirtiera en un lugar de moda lleno de bares, restaurantes, expatriados y turistas, era una comunidad muy unida llena de viejos edificios de madera, mansiones abandonadas y edificios públicos. Los niños jugaban en las calles, porque el tráfico era mínimo y los anchos muros de Las Bóvedas era la mejor pista para para patinar en Panamá. Fue un verdadero milagro que nadie resultara muerto en el intento.

Mi abuelo, el Teniente Coronel Heriberto Rodríguez Polo, fue un Soldado de la Independencia, un grupo de hombres que luchó contra Colombia para crear un nuevo país llamado Panamá. Él vivió en el caserón que ahora es la “La Casa del Soldado”. Vivió allí con su esposa, hijos e hijas por muchos años. Su trabajo era preservar los archivos de la guerra y organizar reuniones con los otros sobrevivientes.

Monumento al General Tomás Herrera, Plaza Herrera, Casco Antiguo.

Monumento al General Tomás Herrera, Plaza Herrera, Casco Antiguo.

Incidentalmente, Joaquín Beleño, un ilustre autor panameño escribió sus novelas “Luna Verde” y “Gamboa Road Gang” en el primer piso de esa casa con la ayuda de mi tía Rosita, quien mecanografiaba los manuscritos. La Corte Suprema de Justicia estaba al lado y cualquiera podía ir a ver los juicios. La mayoría de mis amigos querían ser abogados debido a eso. Hoy las galerías están llenas de obras y música cortesía del Teatro Anita Villalaz.

Yo pasé gran parte de mi niñez allí. Nosotros vivimos por algunos meses en el ático con mis padres y mi hermano Jorge Luis. Desde ese punto tan alto podíamos observar las elegantes fiestas que se realizaban frecuentemente en el Club Unión, el que pronto será convertido en un hotel. Quizás lo que nosotros encontrábamos más entretenido era ver cómo los tiburones se disputaban las sobras de comida que tiraban desde el club a la bahía.

Iglesia San Francisco de Asís.

Iglesia San Francisco de Asís.

Los calabozos que rodean “La Plaza de Francia”, que ahora han sido convertidos en galerías de arte, eran el lugar perfecto para jugar policías y ladrones. Desafortunadamente, porque yo era la más pequeña, pasaba mucho tiempo en la cárcel, hasta que mi abuelo me rescataba y me llevaba a la tiendita local, que hacía las mejores malteadas que he probado en mi vida. Arquímedes, el dueño, había convertido el lugar en una mezcla de cafetería con mini mercado. Tristemente, él ya no está allí, reemplazado por un elegante restaurante italiano.

El Conservatorio de Música estaba ubicado cerca de “Plaza Herrera”. Hoy en día es la sede de la Fundación Danilo Pérez, y aunque nunca aprendí a tocar el piano propiamente, tengo recuerdos muy felices del lugar. Estaba lleno de ratones a los cuales les encantaba la música de Federico Chopin, especialmente la Mazurka en La menor, que cuando la escuchaban empezaban a correr de un lado a otro del teclado.

Casco Antiguo ha cambiado positivamente, el lugar ha sido renovado y está lleno de expatriados restaurando las mansiones abandonadas. Las calles están llenas de gente buscando diversión, pero yo me siento un poco nostálgica cada vez que visito el lugar.

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