Un día como cualquiera en la oficina, un cuento de pesca

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Un día como cualquiera en la oficina, un cuento de pesca

 

Por Angelo Solanilla

angelo@pacificadvent.com

 

 

Como cientos de miles de panameños, reviso la alarma antes de dormir, mañana hay que levantarse temprano a trabajar. El tiempo pasa volando, suena la alarma 4:00 a.m., no lo puedo creer casi no he dormido nada. Reviso mi maletín, por última vez, antes de salir de casa, siento que algo se queda, les juro el estrés me va a matar.

 

Pienso “todo listo”, arranco el carro, engancho el remolque con el bote y digo ¡Vaaaaamos para el Agua!

 

Llego al puerto, cuando se mojan las llantas del remolque, alguien grita, LE PUSIERON EL TAPÓN? Sé que estaba puesto, pero la incertidumbre me hace revisar nuevamente. Miramos a todos lados, nada cerca, el capitán gira la llave y el motor del bote ruge, inmediatamente la pregunta ¿A qué hora llegarán los clientes?

 

Todos a bordo, damos las instrucciones de seguridad, le pedimos a Dios que nos acompañe y que nos traiga de vuelta a puerto seguro. El capitán traza el rumbo, temperatura, presión de aceite, GPS, todo está funcionando.

 

Nuestros nuevos amigos, emocionados sienten como el aire helado la mañana quiere arrancarles sus gorras, los primeros rayos del sol van cambiando de rojo oscuro a naranja radiante; preguntan ¿En qué tiempo comenzamos a pescar? Les respondo ya estamos haciéndolo.

 

Una hora después admirados, miran hacia todos lados, de pronto el capitán cambia el rumbo ¿Qué Pasó? Contesta hay algo adelante, mi vista poco entrenada no podía encontrar lo que el capitán ya sabía.

 

Una rama gigante flotando, da las primera indicaciones “Quiero dos plumas chicas y dos cedar plug” todos hacen lo que pide y pasamos una, dos, tres veces cerca de la rama, de pronto suena la alarma “sssrrrsrrrssrrr” todos atentos, de pronto se ve un destello deslumbrante sobre el agua, verde, azul, amarillo, alguien grita “Un dorado”, está luchando por zafarse el anzuelo, dice otro “es gigante”, salta por segunda vez comienza a cobrar más línea y se aleja de nosotros.

 

pesca

El dorado es muy buscando por pescadores deportivos.

 

De pronto el dorado siente que su final está cerca y encuentra fuerzas y se aleja nuevamente, pocos minutos después ambos contrincantes están sin aire, sin embargo el pez se da por vencido, lo subimos al bote. Tiempo de celebrar, comienzan los halagos, las felicitaciones, el feliz pescador pregunta “Tomaron video”, todos ríen.

 

Esto aún no termina, seguimos nuestro camino. El capitán sonríe, a lo lejos se ve lo que estábamos buscando. Aves subiendo y bajando indicación que debemos ir hacia donde ellas. Le digo a nuestros amigos “Señores prepárense”, más cerca vemos delfines, todas las señales nos hablan, pasamos sobre el cardumen una, dos, tres las cuatro cañas quieren desarmarse, todos saltan.

 

Todos luchan, nadie lo cree, subimos la primera, la segunda, la tercera está cerca, pero esta decide dar el espectáculo, nada con todas su fuerzas hacia el fondo, el carrete quiere exxxplotaaarr, la cuarta ya está dentro del cooler, la tercera sigue luchando, cerca de la superficie, usa todo lo que tiene y va pa’ bajo de nuevo, de pronto se pierde la tensión de la cuerda, el pescador cansado, sin aire no sabe qué hacer, su mente en blanco, no puede hacer más nada que seguir cobrando rápidamente, dos segundos después todos nos miramos, por los gestos nos damos cuenta que se fue, un silencio sepulcral, está vez ganó la presa.

 

Todos dicen y era la más grande, el capitán muy seguro calcula entre 40 y 50 libras, no queda más que celebrar las otras tres.

 

Sin darnos cuenta, llegamos al puerto, la misión está cumplida, revisión que nada se quede, amarramos el bote, comienzan a salir, todos se despiden prometiendo que regresarán pronto. Ellos se van, nosotros nos quedamos, hay que guardar el bote y lavarlo, ufff casi no tengo ganas de hacerlo. Pero bueno, trabajo es trabajo, casí cae la noche, le doy la última mirada a nuestro fiel amigo que nos llevó a esta tremenda aventura, como un loco me despido de él, como si el bote pudiera entender.

 

Solo quiero llegar a casa, una ducha tibia y a dormir. Como siempre decimos “Un día cualquiera pescando, le gana al mejor día en la oficina”

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